El “escándalo” de Steve McCurry o la gimnasia con la magnesia

La semana pasada el sitio Peta Pixel publicó una nota en la que denuncia la manipulación digital de algunas imágenes del encumbrado fotógrafo Steve McCurry. El texto, en tono bastante acusatorio, parte de un post en el blog del fotógrafo italiano Paolo Viglione quien notó un desliz en una de las imágenes cubanas de McCurry. A partir de ello Peta Pixel inició una indagación sobre otras posibles manipulaciones, encontrando al menos dos imágenes en que el autor removió por completo personajes o elementos de la fotografía (las cuales se reproducen a lo largo de este texto).

Tras ser confrontado sobre el tema, el notable fotógrafo respondió que el achichincle responsable de la manipulación de la imagen en cuestión había sido despedido. Además hizo declaraciones que categóricamente separan su trabajo como fotógrafo de prensa, de aquel que realiza a título personal durante sus viajes alrededor del mundo. Peta Pixel pretendió colocar a McCurry en el banquillo de los acusados del Santo Oficio Fotográfico, pero aquél lo eludió discretamente y en una semana apenas empieza a lograrse que el “escándalo” se coloque en lavadero del mundo fotográfico, pero no aún entre las personas fuera del gremio.

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No es la primera vez que una situación de este tipo se presenta en el medio. Circunstancias similares le han costado la chamba y el prestigio a Narciso Contreras, Brian Walski y Adnan Hajj. Entonces vale la pena preguntarse: ¿qué es lo reprobable: la manipulación digital o el gesto deshonesto del fotógrafo? ¿nuestra idea de la verdad tiene sentido en la era digital y de la hiperconectividad? ¿qué consideramos más valioso: las posibilidades comunicativas de la imagen o su apego incondicional a lo que percibimos como realidad? ¿es suficiente un error para echar por tierra la trayectoria de un fotógrafo? ¿es suficiente ese mismo error para justificar el despido de un asistente, parte fundamental pero no reconocida del gremio fotográfico?

Hablando de la veracidad de la imagen fotográfica, es difícil encontrar un texto más completo y concienzudo que El beso de judas de Joan Fontcuberta. Resumiendo violentamente: el libro plantea que nuestra voluntad y tozudez de asociar la fotografía con la expresión verdadera de la realidad, proviene, no de las cualidades intrínsecas de la imagen, sino de una serie de convenciones sociales sobre su uso, producto todas ellas de contextos históricos muy específicos. Dicho de otro modo: la posibilidad de la imagen fotográfica para transmitir contenidos veraces sobre el mundo, no radica en la foto en sí misma, sino en nosotros, en quienes la producimos y consumimos, en la(s) idea(s) que tenemos y en el uso que damos a la fotografía, a su autor, al dispositivo con que la fabrica y al medio por el que circula.

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Partamos de que estamos de acuerdo con el buen Fontcuberta (quien no lo esté podemos discutirlo en otro momento). Pareciera entonces que el reclamo a McCurry se convierte en un dilema meramente ético: usted nos está dando gato por liebre, dijo que hacía una cosa (foto documental), cuando en realidad estaba haciendo otra (manipulación digital). En ese planteamiento está centrada la columna de Ulises Castellanos sobre el tema:  “Aquí el asunto es la mentira, la burla, la degradación de una profesión que debiera mantenerse con altos estándares éticos y de integridad permanentes”.

Pareciera, pero no es así. El planteamiento de fondo de esa idea es que el mundo documental está atado genéticamente a la toma directa y a la ausencia de manipulación digital. Y en tanto que lo está es indispensable saber cuándo es que una imagen ha sido manipulada y cuándo no. Tan importante e indisoluble nos parece este vínculo, que varios de los textos publicados sobre este “escándalo” no dudan en tirar por la borda la legitimidad de las tomas de McCurry. Haberse atrevido a remover elementos de estas imágenes, implica la posibilidad de que lo mismo haya pasado en otras ocasiones. ¿Cómo podemos confiar en quien nos consta que al menos una vez nos ha mentido?

Como breve digresión, una pregunta: ¿una persona es honesta o deshonesta o más bien actúa de manera honesta o deshonesta en situaciones concretas? Planteado en términos más generales ¿la virtud es una cualidad perenne en la vida de un sujeto o es una tendencia en la trayectoria de una vida? McCurry metió la pata, incluso si consideramos que su mentira está en negar la manipulación y no en el acto mismo de manipular. ¿Es eso suficiente para condenarlo al ostracismo fotográfico? No lo sé, pero les invito a que lo sigamos pensando, porque el planteamiento ya nos ha costado muchos fotógrafos.

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Volviendo al tema del paradigma de la verdad fotográfica, parece que aún se encuentra lejos de desaparecer. A la idea de la correlación entre toma directa y realidad del mundo, se suma ahora la instantaneidad de la imagen. Hoy la fotografía circula en una amplitud nunca antes soñada, tan solo momentos después de realizada la toma. Así la foto es cierta no sólo por ser foto, sino porque la vi en twitter o facebook en el tiempo mismo en que fue producida y casi pareciera que mis propios ojos estuvieron ahí.

Sin embargo, con esa misma facilidad hoy todos podemos añadir o sustraer elementos de la imagen con el mismo dispositivo con que fueron tomadas las fotos (los smarthphones) o falsear al viejo estilo modificando la información que complementa la fotografía. ¿Aún tiene sentido nuestra idea de verdad en la era digital y de la hiperconectividad? ¿por qué aún consideramos menos valiosas las posibilidades comunicativas de la imagen, que su apego incondicional a lo que percibimos como realidad? No estamos hablando de un fotógrafo y algunas decisiones mal tomadas, esto implica necesariamente nuestra relación con la fotografía y lo que como sociedades exigimos a la imagen documental.

Existe más verdad sobre el dolor de la guerra en el Guernica o en Slaughterhouse 5, que en muchos de los documentos más descriptivos de los actores directos. Una pintura cubista y una novela de ciencia ficción pueden cimbrarnos profundamente en un sentido informativo, ético, emocional y estético. Lo mismo puede hacer una fotografía, pero por puritita costumbre le seguimos exigiendo que se apegue a ser nuestro referente, bidimensional y figurativo, del mundo que nos rodea.

El “escándalo” McCurry sigue teniendo el mismo componente básico que el de los fotógrafos que antes han pasado por este aprieto: seguimos exigiendo que la foto documental sea una toma directa, seguimos vinculando las posibilidades informativas de la fotografía a su correspondencia visual inalterada, seguimos confundiendo la gimnasia con la magnesia.

06

Un par de notas finales que poco tienen que ver con el tema central de este texto.

McCurry asegura que el error se produjo por la ineptitud y exceso de iniciativa de uno de sus trabajadores y que por ello fue despedido. ¿Resulta creíble esa versión de un fotógrafo que ni siquiera supervisa la impresión final de sus exposiciones? Es muy probable que el implicado haya sido un obrero del arte contemporáneo, en esa forma de trabajo (muy de moda) en donde te cambian el salario por la experiencia. No recibes un sueldo, pero ganas trayectoria. En esas condiciones laborales ¿se puede justificar el despido de un trabajador que ha fallado? Todos los asistentes son parte fundamental pero no reconocida del gremio fotográfico, me parece que si vamos a discutir las implicaciones éticas en torno a la foto también esto tendría que ponerse sobre la mesa.

En uno de los textos sobre el affair McCurry, se menciona una crítica al trabajo del fotógrafo:

“Cole argumenta que sus imágenes se ajustan al cliché de una India intemporal (festivales Hindu, hombres en turbante, mujeres en saris, monjes, grandes barbas, largos bigotes, personas en canoas rudimentarias en paisajes dramáticos) dejando de lado la compleja realidad contemporánea que ofrece ese país. Son imágenes, dice el crítico, que buscan obtener una respuesta convencional en el espectador, imágenes disfrazadas de arte (la iluminación, la composición, los colores fuertes) que en realidad habitan el lenguaje de la publicidad. […] Ahora sabemos que McCurry ha recurrido a la manipulación (no sabemos desde cuándo ni cuánto) para obtener sus coloridas idealizaciones de Asia.”

¿Cuál es el rol de la fotografía en la perpetuación de los estereotipos occidentales sobre el resto del mundo? ¿Qué impacto tienen ahí los usos sociales de la imagen o sus formas de fabricación (toma directa o manipulación digital)? Yo creo que ahí tela de donde cortar.

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